
El día del alta de Salvador, sentimos la necesidad de dar gracias. Y lo hicimos a través de una carta destinada a todos los que trabajan en la Neo del Sanatorio Anchorena.
Hoy, la comparto con ustedes.
“¿Cuándo llega Salvador?”, era la pregunta que nos hacía la mayoría de las personas.
“A mediados de Febrero, pero queremos que sea ya”, solíamos contestar nosotros.
Y así fue. El 27 de noviembre a la 07:07, con tan sólo 28 semanas de embarazo nació, para sorpresa de toda la familia y amigos, nuestro pequeño hijo Salvador.
Hoy, luego de recorrer un extenso camino de 63 días, nos encontramos ante la imperiosa necesidad de dar gracias. Sabemos que las palabras son insuficientes, pero también sabemos el valor de sentirse recompensados por la tarea maravillosa que llevaron adelante para darle vida a la vida de Salvador. Esta carta sólo intenta acercarse a ello.
Es por esto que les decimos gracias.
Gracias por darnos desde el primer minuto la fe de la esperanza. (Aún en nosotros que no sabíamos o no entendíamos que nuestro bebé podía salir adelante).
Gracias por demostrarnos que cada noche dejábamos a Salvador en las mejores manos.
Gracias por darnos el alivio de saber que nadie en el mundo podría cuidar mejor su salud.
Gracias por enseñarnos el maravilloso arte de cuidar a nuestro hijo.
Y si bien, una felicidad inmensa nos espera al final del camino, sabemos que nunca vamos a olvidar cada uno de los momentos vividos en la Neo. Y no porque hayan estado teñidos de tristeza y desesperación, sino porque ustedes se encargaron de que cada paso tenga sabor a triunfo.
No olvidaremos el primer día que ingresamos. Camisolín, lavado de manos, monitores, cables, alarmas, peceras de acrílico. Todo demasiado frío, pero compensado desde el primer instante por la calidez de las personas que aquí conocimos. Desde los médicos hasta las chicas de limpieza pasando por las enfermeras y enfermeros. Héctor, Ramón, Liliana, Sebastian, Carla, Marili, Juan Pablo, Rosa, Lita, Romina (x 2), Zara, Nancy, Silvia, Hugo, Juan, Jorge, Guillermo, Janet, Vicky, Débora, Cintia, Alicia, Viviana, Ana… y tantas otras personas de quienes nos estamos olvidando sus nombres, pero cuyos rostros y voces nunca olvidaremos.
Si supiera cada uno de ustedes lo que significó para nosotros.
El diariamente esperado “vamos bien” del Dr. Ramón Larcade y su increíble trato.
La sonrisa del Dr. Héctor Sexer, dando tranquilidad en los momentos más críticos.
Los consejos de la Dra. Liliana Roldán para culminar con la inmensa satisfacción de darle el pecho a Salvador.
Cada uno fue construyendo en nuestro interior la certeza de que había que confiar porque Salvador iba a estar bien.
Sepan, que siempre estarán presentes en nosotros, reflejándose en cada sonrisa, mirada y juego de Salvador, el incansable trabajo que realizaron.
Por la vida de nuestro hijo, eternamente, sinceramente y profundamente GRACIAS.
29/01/09