
Una de las grandes preguntas que nos hacemos con mi marido cuando estamos alimentando a Salvador es: ¿Sigo dándole o ya se llenó?
Así que más de una vez, y creyendo que lo que ya había introducido en su pequeño cuerpo “era demasiado”, dabamos por terminada la comida.
¿Cómo saber cuando un bebé esta satisfecho?. ¿Cómo adivinar si sigue comiendo por gula o por hambre?. Sabemos que en lo que respecta a un bebé, todo está en adivinar o al menos intentarlo.
¿Porqué llora? ¿Porqué esta inquieto? ¿Porque se despierta por las noches?
Bien. Con esta pregunta (la del inicio) fuimos ayer al médico.
- ¿Quién debe poner los límites en la alimentación? , preguntó mi marido.
-¿?, dijo en silencio el pediatra.
- ¿El bebé o nosotros?, se apuró a aclarar el papá de Salvador.
- Ustedes deben estar atentos a la calidad de los alimentos. En cuanto a la cantidad, lo marca el bebé. Nunca van a comer de más. Ellos saben regularlo, sentenció.
Entonces le contamos de nuestro miedo. Ese de “sobrealimentar” a Salvador. Su respuesta fue, obviamente, una gran sonrisa y un pensamiento interno que creímos adivinar en su mirada “pobre bebé”. Pensamiento rematado por un ”chau bebé. Hoy te levantamos la dieta”, que dijo al despedirnos.